Este mes de junio, presentamos a Ana Karen Aguirre y Carlos Lira, una pareja que ha logrado construir mucho más que negocios exitosos: una vida en equipo.
Detrás de proyectos como @didactijuegos y @thelabtrc existe una historia marcada por el esfuerzo, la visión compartida y el reto constante de equilibrar emprendimiento y familia mientras crían a sus tres hijos.
En esta edición, nos abren las puertas de su mundo para compartir cómo ha sido crecer juntos dentro y fuera del trabajo, los aprendizajes que les ha dejado emprender como pareja y la importancia de construir espacios con propósito, sin perder de vista lo más importante: su familia.
La historia de Didacti Juegos representa una historia profundamente familiar. El proyecto nació hace 30 años gracias a los papás de Carlos, después de identificar la falta de juguetes didácticos y sensoriales en La Laguna. Lo que comenzó como una necesidad familiar terminó convirtiéndose en una empresa enfocada en crear experiencias de juego con propósito, buscando fortalecer el vínculo y aprendizaje dentro de las familias. Hoy, además de consolidarse como una de las jugueterías favoritas de la región, Didacti Juegos evoluciona con el lanzamiento de Didacti, una marca mexicana de juguetes, libros y arte con calidad internacional. Además, cuentan con la licencia exclusiva de Gallina Pintadita en México y continúan desarrollando nuevos conceptos y productos enfocados en acompañar cada etapa de la infancia, siempre bajo una misma visión: inspirar a las familias a crecer jugando juntas.
Por otro lado, The Lab comenzó hace más de 15 años, cuan do Carlos abrió un pequeño local enfocado en un concepto poco visto en ese momento: servicios de pedicure en seco con procesos esterilizados y especializados. Con el tiempo, y especialmente después de que Ana Karen se integrara al proyecto tras casarse, el negocio evolucionó por completo. Ella se enamoró del concepto, del equipo y de la experiencia que podían ofrecer, llevándolo junto a Carlos a otro nivel. Hoy cuentan con cuatro sucursales, incluyendo The Lab Men, un espacio creado especialmente para hombres, pensado para que pudieran sentirse cómodos disfrutando servicios de cuidado personal y bienestar. Además de sus servicios de manicure, faciales y masajes corporales, The Lab también ha apostado por experiencias innovadoras como Face Yoga, un masaje facial personalizado que se ha convertido en uno de sus servicios más distintivos.
Su crecimiento ha sido resultado de una combinación que ambos reconocen como su mayor fortaleza: Carlos es el soñador que siempre visualiza el siguiente paso, mientras que Ana Karen aporta organización, estructura y ejecución. Esa dinámica los convirtió en un gran equipo desde sus primeros proyectos juntos. De hecho, antes de con solidarse como empresarios, emprendieron un proyecto muy personal: el recetario “Mamá ¿Cómo se hace…?”, inspirado en las recetas familiares de Ana Karen. Lo que comenzó como algo íntimo terminó convirtiéndose en un éxito inesperado, con más de 5,000 recetarios vendidos, una gran comunidad en redes sociales y cursos de cocina online. Fue ahí donde descubrieron que podían construir grandes cosas juntos.
Pero detrás de los negocios también está la familia. Ser papás de tres niños pequeños mientras lideran empresas exige equilibrio, comunicación y mucha intención. Ambos coinciden en que darse su lugar mutuamente ha sido clave, respetando las capacidades y fortalezas de cada uno tanto dentro de los negocios como en casa. Aunque el trabajo inevitablemente forma parte de su día a día, han aprendido a crear espacios para compartir, conversar y tomar decisiones juntos, especialmente en esos momentos tranquilos al final del día.
Su relación se basa en una visión compartida donde ya no existen sueños individuales, sino metas construidas en conjunto. En el camino han aprendido a ceder, a escucharse y a entender que crecer juntos también implica dejar atrás ciertas ideas personales para construir algo mucho más grande como familia. Para ambos, la fe ha sido el centro de todo. Aseguran que cada decisión, tanto personal como profesional, la ponen primero en manos de Dios, y reconocen que eso les ha permitido mantenerse unidos aun en los momentos más retadores.
También coinciden en que el verdadero éxito no se mide únicamente por lo profesional o económico. Para ellos, el éxito comienza en casa. Su prioridad siempre ha sido formar una familia presente, cercana y amorosa, procurando que sus hijos crezcan sintiéndose profundamente amados. Buscan transmitirles valores como la responsabilidad, la honradez, el esfuerzo y la importancia de vivir con propósito. Más allá de formar empresarios, desean formar hombres y mujeres de bien.
A lo largo de los años también han aprendido que emprender implica intentarlo, equivocarse y volver a comenzar. Han tenido proyectos que no funcionaron, pero lejos de verlo como fracaso, lo entienden como parte del proceso que los llevó hasta donde están hoy. Esa mentalidad les ha permitido evolucionar no solo como empresarios, sino también como pareja y como familia.
Hoy, Ana Karen y Carlos representan una nueva forma de éxito: una construida desde el equilibrio, el trabajo en equipo y la convicción de que los sueños más importantes son los que se construyen juntos. Y aunque tienen nuevos proyectos en puerta y grandes planes para el futuro, su visión sigue siendo la misma: crear marcas que impacten, conectar con las personas y crecer siendo fi eles a lo que más valoran: su familia, su fe y el propósito detrás de todo lo que hacen.