Y vivieron felices para siempre…

Colaboración por Claudia Hamdan para nuestra edición de Septiembre

Esta frase tan trillada de Disney llena de romanticismo y generalidad fue con la que crecimos al ver tantas historias de amor. La princesa y el príncipe luchaban por su amor contra viento y marea, superando obstáculos, pero ya llegada el día de la boda, todo cambiaba y era el final de la batalla augurando un futuro perfecto fuera de complicaciones y sufrimientos. Cuando iniciamos una relación en pareja en el noviazgo, la relación esta permeada de ilusión, romanticismo y una idea extraña de que todo es perfecto y que con el tiempo aquellos pequeños detalles que observamos en nuestra pareja los vamos a cambiar el día en que nos casemos. La pregunta es: ¿Por qué si nos casamos enamorados, con la convicción de que es nuestra media naranja, algunas parejas se divorcian, por qué su amor no prospera? ¿En qué momento ese “fueron felices para siempre” pierde validez y ya no se siente tan verdadero? La realidad es que el matrimonio y la vida en pareja puede ser un camino compartido y un proyecto de vida bastante enriquecedor para ambas personas en las que hay un complemento y aunque hay luchas ambas personas se sienten plenas. También es cierto que no siempre es así, todo lo bueno y lo malo de la persona se potencializa y lo que antes era un pequeño defecto ahora se siente como una terrible carga que empieza a mermar todas las bondades que antes veíamos en el otro.

Cada matrimonio es diferente y las circunstancias son muy particulares en cada pareja. Pero una cosa si es una realidad, muchas cosas que se viven en el matrimonio ya tuviste una probadita en el noviazgo. Es por esto que es importantísimo no ignorar todas las señales que pudiste haber visto. El matrimonio no es un cuento de hadas, es un camino a recorrer con una persona que te ama y que amas con sus defectos y virtudes, con su luz y con su sombra. ¿Te fue infiel o te mintió en el noviazgo, te trató con violencia? ¿Te ofendió, te jaloneó? ¿Te ignoró o se burló de ti? ¿Qué te hace pensar que esto cambiará cuando ya vivan juntos? O por el contrario, ¿Fue respetuoso, caballeroso, detallista, siempre te tomó en cuenta? El noviazgo es una buena probadita de lo que puedes vivir en el matrimonio. El primer gran error es pensar que vas a cambiar a tu pareja, o ilusionarte con pensar que al ya casarse como arte de magia las cosas serán distintas y todo funcionará mejor. La realidad es otra, nuestra esencia es la misma y con la convivencia y los retos de la vida cotidiana todo pareciera que lejos de desaparecer se establece con mayor firmeza.

Si bien es cierto que para muchas parejas los primeros años son una luna de miel eterna y son sus mejores años, para otras parejas pueden resultar ser los más difíciles. Son años de acuerdos y desacuerdos, encuentros y desencuentros entre lo que esperabas que fuera y lo que realmente es. En cada pareja se vive una historia distinta lo importante es estar conscientes de que la otra persona tiene su lado luminoso y su lado obscuro y que no va a cambiar y tiene derecho a ser amado tal y como es. Los primeros años nos presentan el reto de aprender a convivir con el otro, aceptar que tienen muchas cosas en común pero también hay muchas otras en las que son distintos, y está bien.

Aquí te presento lo que desde mi experiencia pudieran ser los temas principales que se deben tomar en cuenta durante los primeros años de casados.

Cada etapa en la vida depende de la solidez y madurez con la que se vivió la anterior. Los primeros años de matrimonio sientan las bases para la formación de una familia. Éstas deben ser sólidas, poner cimientos fuertes que sean capaces de resistir todas las posibles tormentas que te pueda presentar la vida.

Las expectativas sobre el otro:

Las personas deberíamos casarnos felices para compartir la felicidad, no casarnos con la idea que nos harán felices o que tenemos la responsabilidad de hacer feliz al otro. Muchas veces los asuntos no resueltos en nuestra infancia o en nuestro pasado los ponemos como expectativas sobre la otra persona. La responsabilidad de ser felices es personal y esto implica un trabajo individual de sanación y superación. Nos creamos imágenes del otro que no existen ya sea porque idealizamos a nuestra pareja o es lo que necesitamos y deseamos que el otro sea. Es importantísimo tener un compromiso personal de ser mejores, de trabajar nuestras zonas erróneas y hacernos responsables de nuestras decisiones. Respetar al otro tal y como es y buscar a alguien que tenga la misma conciencia y compromiso que tú tienes de crecimiento personal evita muchas desilusiones. El matrimonio no es una cura a todos nuestros males, inseguridades, traumas ni carencias. No se vale casarse porque se te estaba yendo el tren, porque todas o todos tus amigos se estén casando, porque tus papás te presionan, etc. La decisión de casarse debería de partir de un amor total al otro y el deseo de compartir un camino juntos.

La familia política:

La decisión de hacer vida en pareja lleva implícita que ahora tu prioridad será tu pareja. Tus padres siempre te merecerán amor y respeto pero ahora tu esposo(a) debe ocupar el primer lugar. Es importante establecer desde el inicio límites sanos que establezcan una relación de respeto e independencia hacia ambos lados.

La vida de soltero vs vida en pareja:

Toda elección conlleva una renuncia, ahora muchas personas quieren casarse sin asumir la responsabilidad y el compromiso que esto implica. Ahora hay que hacer acuerdos de lo que ambos acepten en cuanto a gastos, salidas, horarios. No podemos pretender estar casado con alguien y seguir con el mismo ritmo de salidas desveladas y parrandas que antes. Lo más sano es asumir que el otro es tu prioridad y es con él/ella con quien deberás establecer acuerdos y horarios que les funcionen a ambos. Poner límites sanos es importante para que una relación funcione adecuadamente. Cada pareja tenemos acuerdos distintos y están bien mientras ambos estén contentos y el respeto hacia la dignidad del otro no se toque.

Economía:

El tema de la administración del hogar es un asunto en el cual es importante ponerse de acuerdo. La comunicación en este tema ayuda a evitar conflictos, lograr metas y vivir una vida más estable y tranquila. Cuando una pareja habla claramente puede gastar con responsabilidad sabiendo las posibilidades reales, ahorrar para futuros proyectos como comprar una casa, invertir en un negocio, organizar viajes o ahorrar para el futuro. El tener clara la situación financiera ayuda a unirse más como pareja y saber realmente con cuánto se cuenta. El mentir en este tema puede generar problemas graves en un futuro. Si se tiene una deuda o compromiso financiero anterior es importante que tu pareja lo sepa. El ser honestos en este tema evita muchos malos entendidos, también es importante que haya comprensión y responsabilidad ante la situación real. A veces cuesta trabajo cortar el listón umbilical del dinero con los papás y lo más sano es ajustarse a lo que tu pareja o a lo que ambos pueden ganar. La independencia financiera te da libertad emocional y eso también permite que las decisiones de la pareja sean solo de ésta.

La llegada de los hijos:

En los primeros años de matrimonio la llegada del primer hijo es un gran momento. El estar de acuerdo en la planeación familiar es asunto de ambas partes. Hay parejas que deciden esperar un tiempo antes de tener hijos y hay quienes no. Es importante que la pareja este de acuerdo y consciente de la responsabilidad que esto implica ya que con la llegada de los hijos llegan cambios que modifican la dinámica de la pareja. Los hijos no resuelven problemas maritales, debe de ser una decisión basada en el amor y en la apertura a la vida de una manera responsable.

La comunicación:

El saber expresar de manera sana y oportuna tus puntos de vista, desacuerdos, opiniones ayuda a generar un buen clima en la pareja. Es importante hablar las cosas, lo que nos gusta y no nos gusta. Aprender a comunicarnos implica mucha inteligencia emocional para callar cuando no es prudente y hablar cuando es oportuno y no cuando ya nos hartamos. Aprende a cuidar el tono, las palabras, el momento y lugar adecuado; no todos los temas son iguales ni tienen la misma importancia. Establecer límites sanos de respeto en la relación es clave; hay límites y líneas que no se deben de cruzar nunca por muy enojado que estés. La violencia física, emocional, verbal o económica no deben de estar presentes en un matrimonio sano, la integridad de la persona siempre debe mantenerse intacta. Las líneas que cruzas o que permites que crucen marca de manera significativa la dinámica posterior en la pareja. En el matrimonio es importante elegir tus batallas no todo tiene la misma relevancia, así que se inteligente no pierdas cartuchos en tonterías. Es importante tener en mente que habrá ocasiones en las que tienes que ceder y no en todo tendrás la razón, busca puntos de acuerdo y negocia. Busca tener días y momentos en tu semana en la que sea tiempo exclusivo de pareja en la que busquen platicar y tener un rato agradable juntos.

El lenguaje de amor de tu pareja:

No todos expresamos el amor de la misma manera ni necesitamos que se nos demuestre del mismo modo. Cada persona tenemos lenguajes emocionales distintos. Busca el lenguaje emocional de tu pareja para que su tanque emocional siempre esté lleno. Según Gary Chapman en su libro “Los 5 lenguajes del amor” el descubrir el dialecto de amor de tu pareja garantiza que el otro se sienta amado y pleno. Estos cinco lenguajes son: palabras de afirmación, tiempo de calidad, regalos, actos de servicio y el toque físico.

El deseo de un amor romántico en el matrimonio está arraigado en lo más profundo de nuestro corazón. La necesidad de sentirnos amados es una necesidad emocional primaria en el ser humano. El matrimonio está diseñado para llenar esta necesidad que tenemos de ser amados. Tenemos que pasar del enamoramiento del noviazgo al amor maduro y consciente, que requiere el matrimonio donde el amor implica unir la razón y emoción. El amor en el matrimonio requiere voluntad para que las cosas funcionen, entrega al otro y compromiso con el crecimiento personal. Recordemos siempre que somos diferentes, tenemos historias distintas, cada uno traemos unas expectativas y opiniones a nuestra relación. Un matrimonio sano procesa la variedad de opiniones y perspectivas. Haz de estas diferencias algo positivo, no necesitamos estar de acuerdo en todo, necesitamos estar unidos, buscar congeniar y hacer acuerdos. Ahora más que nunca necesitamos matrimonios sanos en los que los cónyuges se sientan felices y se formen hogares estables y amorosos para los hijos.

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